DEPARTAMENTO DE EDUCACIÓN PARA EL MEDIO RURAL
jueves, 27 de marzo de 2014
La articulación entre la producción agropecuaria y la oferta educativa. Una visión desde los rubros más dinámicos
La
articulación entre la producción agropecuaria y la oferta
educativa. Una visión desde los rubros más dinámicos
Agustina
Marques
Facultad
de Ciencias Sociales – UdelaR
- Introducción
Este
trabajo pretende aportar al conocimiento sobre las características
de la articulación entre las empresas y la formación para el
trabajo en los rubros más dinámicos de producción agropecuaria en
el Uruguay; el arroz, la forestación y la agricultura de secano.
Para
esto se conoció la perspectiva de los empresarios por un lado, la de
las Escuelas Agrarias por el otro para intentar, en tercer lugar,
indagar en las características de la articulación entre la
producción y la formación.
En
el primer capítulo se contextualiza el trabajo presentando la
problemática de la articulación entre el mundo productivo y el
educativo desde los grandes cambios en la producción en las últimas
décadas. Ahondando en el caso de la producción agropecuaria en el
Uruguay.
Luego
se presentan los aspectos metodológicos que hicieron a la
investigación.
En
el capítulo del análisis se presentan y analizan las
características de la articulación entre empresas y formación para
el trabajo en el sector arrocero, forestal y de agricultura de
secano.
El
capítulo final refiere a las conclusiones del trabajo con respecto a
la articulación entre las empresas y las escuelas en los tres rubros
seleccionados, cuales son sus fortalezas, sus debilidades y
perspectivas.
- Articulación entre la educación y el mundo del trabajo. Los cambios en la producción agropecuaria y las Escuelas Agrarias
Cambios
en el mundo productivo
Los
grandes cambios globales económicos y productivos de las últimas
décadas han afectado sustancialmente el mundo del trabajo (Gallart,
1997, Leite, 2003, Jacinto, 1998, Gallart, 2004, Prat y Hein, 2003,
Lasida, Ruétalo y Berruti, 1998, Ibarrola, 2002, Castro, 2002). Se
señala marcadamente el fenómeno de la globalización, la
incorporación de nuevas tecnologías, la transformación de procesos
productivos y la competencia por los mercados. Estos cambios en la
matriz productiva implica cambios organizacionales como la
descentralización, la subcontratación entre empresas, y la
tercerización de determinados servicios a otras unidades
ocupacionales, donde el sector terciario es el que tiene mayor
crecimiento y desarrollo (De la Garza, E. 2000). Si bien América
Latina representa un mosaico de formas de producción que conviven
entre si (Portes, 1999), las grandes empresas lideran este proceso y
ciertamente en las últimas décadas la región ha incursionado en
estos cambios que traen aparejados muchos otros en el mundo del
trabajo (Gallart, 2001).
La
capacitación como consecuencia de los cambios productivos
Estos
cambios productivos y organizacionales del mundo del trabajo de estas
últimas décadas necesariamente implican cambios en la formación de
los trabajadores por lo que la organización tradicional de la
formación para el trabajo entra en crisis (Leite, 2003). Este tipo
de organización del trabajo, por su gran componente de
retroalimentación y polivalencia, depende de que los trabajadores
sean capaces de enfrentar nuevos tipos de situaciones. La
calificación, como consecuencia de los cambios tecnológicos y
organizacionales, pasa a ser necesaria para la inserción adecuada al
mercado de trabajo (Jacinto, 1998).
La
magnitud de estos cambios ha afectado el perfil que un trabajador de
este milenio requiere, con competencias o capacidades acordes a la
nueva matriz productiva señaladas anteriormente. “La
noción de competencia se sitúa a mitad de camino entre los saberes
y las habilidades concretas, la competencia es inseparable de la
acción, pero a la vez exige conocimiento”
(Gallart, 1997: 84). Existe consenso de que la formación para el
trabajo consta por un lado de una base de competencias básicas como
la expresión oral y escrita, la capacidad de solucionar problemas
aplicando la matemática, de evaluar la información, de comunicarse
y entender consignas, de administrar el tiempo y trabajar en equipo y
a su vez habilidades más específicas que remiten a la actividad en
la que se desempeña en la producción (Gallart, 2004).
La
articulación entre la educación técnica y las empresas
Para
lograr la capacitación de los trabajadores anteriormente explicada
surge la necesidad de importantes cambios en el sistema educativo en
general y en las escuelas técnicas en particular, especialmente en
lo que respecta a su vínculo con el mundo del trabajo. “Estos
cambios trascendentales obligan a las instituciones escolares de
formación para el trabajo, con más fuerza que nunca, a interactuar
con el sector productivo de bienes y servicios”
(Ibarrola, 2002: 150).
La
necesidad de este vínculo tiene que ver con las potencialidades y
las limitaciones de ambas instituciones en la capacitación de los
individuos ya que una formación para el trabajo debe contemplar
tanto la formación de ciudadanos democráticos, como de trabajadores
para el desarrollo productivo y esto necesariamente depende de la
articulación entre ambos mundos (Gallart, 2002).
La
empresa es el lugar donde los estudiantes pueden aprender de primera
mano lo que necesitan saber del mundo del trabajo, es donde se
encuentra la tecnología y el funcionamiento específico de lo
laboral. Hay aspectos del trabajo que sólo pueden aprenderse en la
situación laboral (Castro, 2002). Castro señala que tener todas las
etapas de la producción en la institución educativa no es ni
práctico ni económico. Además la tecnología avanza a una
velocidad mucho mayor que los tiempos escolares, por lo que la
innovación tecnológica resulta difícil de seguir en la institución
educativa.
Todas
estas razones son las que justifican a la empresa como un lugar
privilegiado para la educación del trabajador, sin embargo, Gallart
señala dos grandes obstáculos que interfieren con el rol educativo
en las empresas. En primer lugar, a la empresa le conviene capacitar
al trabajador únicamente de forma específica, que le sirva nada más
que a esa empresa y la formación en la empresa tiende a ser más
estrecha que lo necesario para responder a la demanda de las nuevas
competencias. En segundo lugar existen dos elementos esenciales para
el aprendizaje que difícilmente puedan darse en la empresa, la
primera es la fundamentación teórica para las competencias
intelectuales y técnicas necesarias para la organización
postfordista del trabajo. La segunda tiene que ver con que los
mecanismos de ensayo y error necesarios para la adquisición de
habilidades perturban el proceso productivo (2004).
Por
tanto, el rol de la institución educativa es insustituible tanto
para la formación ciudadana como laboral, ya que es el sitio de la
educación general, entendida como “transmisión
y adquisición de paradigmas intelectuales que permitan aprehender
una realidad”
(Gallart, 2002: 35). Por otro lado, los aportes positivos y
necesarios de las empresas a la formación de los trabajadores ya
fueron expuestos, los cambios del paradigma productivo exigen más
que nunca el vínculo con el mundo productivo, los cambios
tecnológicos y socio-económicos son claves a la hora de pensar los
cursos y los programas. El vínculo con las empresas resulta
necesario, debe considerarse el mundo del trabajo “como
lugar del saber hacer y el saber ser, e introducir en la educación
escolar el aporte vivencial de la experiencia de quienes no son ni
estudiantes ni docentes”
(Jacinto, C. 2002: 68). En definitiva, “ambas
instituciones tienen buenas razones para desarrollar conjuntamente
situaciones de estudio y trabajo, que salven la distancia entre la
vida escolar y la laboral”
(Castro, 2002:166).
La
dificultad de la articulación, la necesidad de la articulación
Este
vínculo resulta paradójico ya que es tan necesario como difícil.
Gallart expresa que la difícil interrelación entre la educación y
el mundo del trabajo se debe principalmente a la diferencia de las
racionalidades que rigen cada sistema. El sistema productivo se rige
por la productividad, por el desarrollo tecnológico, por procesos de
acumulación, por la maximización de la renta, por el fin económico.
La educación, como se expresó anteriormente, ha tendido a
incorporar a toda la población al sistema, buscando formar
ciudadanos, considerándose medio emancipatorio y de equidad. Ritmos
distintos signan a ambos mundos, por un lado el cambio tecnológico
velocísimo, la reconversión organizacional y la variación en las
calificaciones requiere un ritmo y estructuración más acelerados
que el que ofrece el sistema educativo, que tiende a ser más lento
(2002).
El
caso de la producción agropecuaria en Uruguay. Cambios en la
producción y Escuelas Agrarias.
Estos
cambios no han sido ajenos al mundo rural en nuestro país donde se
han dado en las dos últimas décadas vertiginosos y sustanciales
transformaciones en la producción agrícola que han sacado a la
realidad productiva agropecuaria del estancamiento en el que estaba
inmersa casi desde mediados del siglo XX. Cambios que han generando
un gran incremento de la productividad relacionada a la innovación
tecnológica, y un crecimiento sostenido de la productividad en el
sector agropecuario en los últimos 10 años. (Achkar et .al.2006,
Errea, E. et. Al. 2011, Vassallo comp. M.2011).
La reestructuración
productiva en el agro uruguayo se produce a partir de la
consolidación de monocultivos destinados a la exportación,
principalmente forestación, soja y arroz, modificando el sistema
productivo tradicional (pecuaria extensiva mixta con agricultura
extensiva para la producción de alimentos y materias primas para
abastecer el mercado interno y generar saldos para la exportación)
(Achkar et al, 2006).
Derivado
de la reestructuración productiva, se producen cambios en la
propiedad de la tierra y en las características de los nuevos
propietarios, apareciendo nuevas formas de gestión de la producción.
Se
consolida un estrato de grandes propietarios de la tierra y se
produce un desplazamiento de la burguesía terrateniente local a
consecuencia de dos fenómenos: uno asociado a las diferencias en el
precio de la tierra y las mega inversiones agrícolas y forestales; y
otro referido a las características culturales y económicas de la
burguesía ganadera uruguaya, la cual tenía un perfil más
rentístico que empresarial que dependía de la obtención de ciertos
beneficios del Estado y que al no lograr ciertas ventajas en las
últimas décadas, debió desprenderse de sus tierras aprovechando el
alto precio de las mismas (Piñeiro,
2009).
Los
‘nuevos’ propietarios de la tierra introducen nuevas formas de
gestión y comercialización de la producción. Surge también todo
un nuevo grupo de empresas de pequeño porte que se vuelca a brindar
servicios, contratistas, principalmente en maquinaria y de mano de
obra que también requieren trabajadores con mas calificaciones
(Figueredo, S. 2011, Tommasino, H. Bruno, Y. 2010).
La
articulación escuela - empresa en el sector agropecuario
Considerando
la importancia de equidad y productividad para las sociedades
actuales expuesta por Gallart anteriormente debe ser pensada la
articulación entre la formación para el trabajo en el agro y el
mundo laboral. En este sentido, la capacitación y desarrollo de
capacidades que puedan lograr estos actores va a ir en función de la
equidad y la productividad. Por lo tanto, la educación parece ser
una poderosa herramienta a la hora de considerar este panorama. “El
problema de la pobreza tiene relación con la falta de capacidad. La
respuesta debe forjarse alrededor de cómo generar formas de
desarrollar dichas capacidades (competencias)”
(Norberto, Suárez. 2010: 89).
En
Uruguay como en otros países de América Latina se han desarrollado
centros de enseñanza en el medio rural que han adaptado distintas
modalidades para diversificar la oferta de formación para el trabajo
en contextos rurales, en Uruguay corresponden a las Escuelas
Agrarias, CET-P UTU. A la luz de todo lo expuesto sería necesario
entonces conocer cuál es la demanda de trabajo por un lado, la
oferta educativa por el otro y las características de la
articulación entre las Escuelas Agrarias y las empresas en el sector
agropecuario uruguayo.
- Aspectos metodológicos
Para
conocer la articulación entre la producción y las escuelas
agrarias, se pretendió conocer la demanda de trabajo calificado por
un lado, la oferta educativa por otro y cuál es la articulación de
estas dos tendencias.
Se
indagó sobre la articulación escuela-empresa en los tres rubros
considerados de mayor dinamismo en estas últimas décadas, partiendo
del supuesto de que reflejan más significativamente los cambios
productivos y organizacionales. Estos son la producción forestal, la
producción arrocera y la agricultura de secano.
Para
conocer la perspectiva de la producción en cuanto a la demanda de
trabajadores se hicieron entrevistas semiestructuradas a empresarios
de los tres rubros. Para poder ubicar empresarios, se contactaron
asociaciones que los nuclearan, estas fueron la Asociación de
Cultivadores de Arroz (ACA), la Sociedad de Productores Forestales
(SPF) y la Asociación Uruguaya de Siembra Directa (AUSID). En total
se entrevistó a 12 empresarios.
Una
vez obtenido el conjunto de voces que hacen a la demanda por parte de
las empresas de trabajo calificado, se buscó conocer la perspectiva
de la oferta educativa técnica. Se eligió la enseñanza técnica
media rural de la UTU, las Escuelas Agrarias. En lo referente a la
producción forestal, se investigó sobre el curso ofrecido en la
agraria de la ciudad de Rivera, por medio de entrevistas con el
director y profesores en conjunto con datos secundarios como el
programa del curso y la matrícula de estudiantes. Lo mismo se
pretendió en cuanto a la oferta educativa que respecta a la
producción de arroz, curso que se dicta en la agraria de Vergara,
que queda en el departamento de Treinta y Tres. En cuanto a la
agricultura de secano, el curso que parecía relevante eran los de
capacitación con la maquinaria, ya que ha sido de las grandes
innovaciones en el rubro, por esto se consideraron los cursos de
mecanización agraria ofrecidos en la escuela agraria de Libertad, en
el departamento de San José. En total se entrevistó a 15 personas
considerando docentes y directores.
Luego
de conocer la perspectiva tanto de las empresas como de las escuelas,
se procedió a contrastarlas y analizar cuál es la articulación
entre ambas, qué características tiene, cuales son sus
potencialidades y limitaciones.
- Articulación entre el mundo educativo y el mundo productivo. La necesidad del trabajador calificado y la oferta de las Escuelas Agrarias
El
agro en general y los sectores señalados en particular, transitan un
proceso de profundas transformaciones donde se da un incremento del
área y de la productividad, relacionada a la innovación
tecnológica, que han generado cambios organizacionales de la mano de
nuevos actores. Estos cambios se traducen en una mayor demanda de
mano de obra que tiene además rasgos particulares, los rubros
seleccionados; el arroz, la forestación y la agricultura de secano,
expanden su actividad en un contexto de cambios tecnológicos que
demandan cada vez más trabajadores calificados.
Las
empresas son conscientes de que los cambios mencionados tienen un
efecto en cuanto al perfil del trabajador requerido. Señalan la
necesidad de la mano de obra capacitada dados los cambios productivos
y organizacionales. Consideran la calificación necesaria para el uso
de la nueva maquinaria, para lograr un trabajador polivalente, para
paliar la necesidad de trabajadores zafrales, que a su vez tenga una
visión integral de la producción para generar autonomía y además,
la capacitación es buscada cada vez más por las normas de seguridad
y certificaciones que rigen el mercado internacional y son
requerimientos para la competitividad.
Las
Escuelas Agrarias elegidas ofrecen cursos de EMP, Educación Media
Profesional, cuyo objetivo es formar operarios calificados en arroz,
forestación y maquinaria agrícola. Este curso dura dos años y está
orientado a la formación para el trabajo, como ya se explicó,
conformado por educación curricular básica tanto con materias del
tronco común de la educación media así como otras teóricas
específicas, como por formación práctica bajo la modalidad de
taller, el cual ocupa una importante parte del curso.
Existe
entonces una articulación entre la demanda de trabajadores por parte
de las empresas y la oferta de las escuelas agrarias. De hecho, los
planes de estos cursos datan del 2004, lo que indica que son la
respuesta de la educación técnica a estos cambios productivos.
Sin
embargo, para que este curso efectivamente se articule con el mundo
productivo, debe contemplar todos los cambios señalados. Las
empresas consideran que los cursos y programas de las Escuelas
Agrarias están obsoletos y la maquinaria con la que cuentan y
procedimientos que se enseñan no siguen las innovaciones. Los
docentes y directores comparten, en parte, esta visión ya que
señalan la necesidad de reformar los programas y revisar los cursos.
Por lo tanto, si bien existe una articulación entre las Escuelas y
la producción, existen “desarticulaciones” consecuencia de la no
actualización de las instituciones educativas y de la no
articulación con las empresas.
Los
cambios productivos y organizacionales obligan a la institución
educativa a replantearse su funcionamiento. Las escuelas agrarias
tienen que ser capaces hoy de articularse con rapidez y flexibilidad
a los cambios en el mundo del trabajo. Su principal obstáculo para
la articulación con el mundo del trabajo son las resistencias e
inercias que las caracterizan; la lentitud, la rigidez burocrática,
centralización, entre otros. En muchos aspectos, de infraestructura
e instalaciones, curriculares y en el vínculo con las empresas,
estas instituciones no están preparadas para el cambio de paradigma
del trabajo exigido por el sector productivo con respecto a la
capacitación.
Con
respecto a los aspectos curriculares, los
directores y profesores
de las Escuelas Agrarias constatan el problema de la no actualización
de los programas hoy vigentes, consideran que deben ser revisados y
reelaborados ya que la función de tales cursos es valorizar al
estudiante en el mundo del trabajo por tanto tienen que estar en
consonancia con la producción. Existe una multiplicidad de
imaginarios en torno a la formación técnica por parte de los
docentes, es una discusión que no esta saldada y refleja la
necesidad de la reformulación de los cursos, incluso desde sus
objetivos. Hay un consenso, entonces, de todos los profesores y
directores de que deberían hacerse nuevamente los programas,
considerando importante que esto se realice desde una articulación
sólida con el mundo del trabajo.
Con
respecto a la infraestructura e instalaciones las escuelas agrarias
no tienen maquinaria actualizada, tanto empresarios como docentes y
directores destacaron que la maquinaria disponible en las escuelas
está por demás atrasada. Por otro lado, tener una réplica de lo
que es el mundo productivo en las Escuelas no sería ni práctico ni
económico y pensar que las Escuelas Agrarias deben tener máquinas
con tecnología de punta es razonar con el paradigma anterior,
pensando la escuela como imitando al sector productivo. Los últimos
modelos de maquinaria pueden ser vistos por los alumnos sólo en
visitas a las empresas o en exposiciones, por lo que los esfuerzos de
las escuelas deben encausarse en hacer posible esas visitas. Es
decir, se vuelve a la necesidad del vínculo con las empresas.
Incluso,
a pesar de la dificultad de no tener maquinaria actualizada, la que
se utiliza hoy en la producción, los profesores se las ingenian para
familiarizarlos con las tecnologías que son nuevas es tales máquinas
como es el GPS, o el láser para medir las taipas. Si bien los
estudiantes no logran operar los nuevos equipos en las Escuelas, se
intenta familiarizarlos con la nueva maquinaria mediante fotografías
y videos ya que es fundamental que las conozcan teóricamente. Los
avances productivos si deben estar en los cursos.
Está
previsto, como se explicó, que las escuelas agrarias funcionen como
Unidades Productivas, en los hechos, quizás esto hoy las
“desarticule” con el mundo productivo ya que redunda en más
problemas que aportes. Es una estrategia que pertenece al anterior
paradigma productivo, cuando la escuela podía mantener el ritmo de
la innovación tecnológica e ir a la par de la producción. Esto no
es posible en la actualidad. No pretende insinuarse que haya quedado
obsoleta la idea de producir en la escuela, hay prácticas que son
interesantes para los alumnos, pero efectivamente el rol de unidad
productiva de las escuelas agrarias se ha alterado, o debería
hacerlo, con estos cambios tan radicales en la producción y ya no
contribuye a la formación de los estudiantes de la forma que antes
lo hacía. Hoy quizás resulta más conveniente poner el foco en los
traslados y visitas que en la unidad productiva.
Con
respecto al vínculo de las escuelas con las empresas, la percepción
de docentes y directores es que el vínculo con las empresas es muy
personalista, consideran que se necesita un vínculo más
institucionalizado, que esté por fuera de una persona específica ya
que ata el vínculo a los individuos, dependen de tal o cual persona
para subsistir, por tanto cuando ese individuo se desvincula de la
institución, ya sea la escuela o la empresa, se pierde el vínculo.
Esto le da cierta variación a los cursos, dependiendo las visitas
que consigan hacer lo que los estudiantes aprenden, por tanto se da
cierta inestabilidad y variación en la formación de los
estudiantes.
Otra
estrategia de articulación entre el mundo del trabajo y el mundo
educativo tiene que ver con el seguimiento de los egresados, cuál es
su inserción en el mundo productivo. Evaluar dónde trabajan, en qué
rol, con qué responsabilidades. Si es que se insertan en el sector o
no. Actualmente no hay un seguimiento de ese tipo en ninguna de las
escuelas, lo que significa que no se sabe con certeza que porcentaje
de alumnos se encuentra trabajando, en qué se desempeña, lo que en
definitiva no permite evaluar el curso.
Además
de una actualización de las escuelas agrarias para formar
trabajadores del nuevo paradigma productivo, se da también la
necesidad de la articulación entre la escuela y la empresa. Esta
capacitación que señalan como necesaria los empresarios solo es
posible que las escuelas la brinden con una articulación con las
empresas, de otro modo, la oferta de capacitación y demanda de
trabajadores nunca van a articularse ni en cantidad ni en calidad. La
necesidad de este vínculo tiene que ver con las potencialidades y
las limitaciones de ambas instituciones en la capacitación de los
trabajadores.
La
empresa es el lugar donde los estudiantes pueden aprender lo que
necesitan saber del mundo del trabajo, es donde se encuentra la
tecnología y el funcionamiento específico de lo laboral. Es en las
empresas que está la maquinaria más avanzada, la nueva forma
organizativa. Están los conocimientos que los estudiantes aprenden
de la producción, aplicados en la actividad, sumándole tiempos
apremiantes y otros factores. Es por eso que las empresas tienen un
rol importante en la formación del nuevo perfil de trabajador.
Sin
embargo, Gallart señala dos grandes obstáculos en las empresas para
la formación de los estudiantes. En primer lugar, si bien en la
actualidad la gran mayoría de las empresas se ven forzadas a
capacitar a sus trabajadores, por falta de oferta de mano de obra
capacitada, dicha capacitación dura unos pocos días, los mínimos
para llevar a cabo la actividad sólo en su plano ejecutor. El
trabajador no aprende la fundamentación teórica de la actividad que
le muestran como realizar. No adquiere las competencias intelectuales
y técnicas necesarias para la nueva organización del trabajo. Es
decir que aprende a ejecutar ciertas acciones pero no puede
improvisar ni discernir frente a la incertidumbre. Además, un gran
problema pedagógico que presentan las empresas es la imposibilidad
de formar mediante mecanismos de ensayo y error que resultan
necesarios para la adquisición de habilidades ya que interfieren con
el proceso productivo y no pueden darse el lujo de salirse de los
tiempos estipulados ni de que se rompa maquinaria o se estropee la
producción.
Esto
implica que la capacitación que los empresarios buscan en un
trabajador no puede ser adquirida en las mismas empresas, el rol de
una institución de formación técnica es necesario e insustituible
porque es el sitio de la educación general. Por otro lado, los
aportes positivos y necesarios de las empresas a la formación de los
trabajadores ya fueron expuestos, los cambios del paradigma
productivo exigen más que nunca el vínculo con el mundo productivo,
los cambios tecnológicos y socio-económicos son claves a la hora de
pensar los cursos y los programas. Ambas instituciones son necesarias
para la formación del trabajador, por tanto también su
articulación.
Si
bien la articulación entre el mundo productivo y el educativo es
fundamental, y parece haber un consenso, por lo menos teórico, tanto
de las escuelas como de las empresas de la necesidad de una mejor
articulación, en la práctica no resulta un vínculo sencillo. La
problemática del vínculo escuela- empresa está muy presente en
ambas instituciones, parece estarse reviendo el papel de los
distintos actores al respecto, los tres directores están haciendo
grandes esfuerzos por institucionalizar los vínculos y muchas
empresas consideran que el vínculo debe cambiar.
Ciertamente
todos los actores involucrados parten de estos cambios significativos
que se han dado en el agro, que deben ser tomados cabalmente en
cuenta para la formación de los trabajadores. Quiere decir que la
cuestión del vínculo empresa- escuela surge por la importancia del
nuevo perfil del trabajador, por lo que desemboca en la cuestión de
generar las competencias para el nuevo paradigma productivo, como ya
fue mencionado.
Surge
sin embargo la cuestión dicotómica de la articulación entre la
educación y el mundo de trabajo señalada por Gallart con respecto a
la diferencia de racionalidades que rigen ambos mundos: la
productividad y maximización de la renta por un lado y la equidad
por otro. Las escuelas y las empresas necesitan de una articulación
sustancial pero al funcionar con lógicas distintas, su articulación
no resulta sencilla, como se explicó anteriormente.
Por
otro lado, las experiencias que están más impregnadas con esta
dicotomía de lógicas: como las pasantías, las visitas, los
profesores que trabajan en el sector privado, son también las
experiencias que parecen contribuir más significativamente a una
mejor formación del estudiante y a una mayor articulación entre el
mundo productivo y el educativo.
Con
respecto a la oferta de mano de obra las empresas consideran que es
muy escasa en general, y que la oferta de mano de obra calificada
prácticamente no existe lo que significa el obstáculo mas
importante hoy para la producción a la hora de avanzar. Indican
incluso que no hay reposición, lo que significa que el problema se
agravará. Señalan que como la poca mano de obra disponible, no está
capacitada, la capacitan en la empresa. Se expresan preocupados por
el éxodo de la población rural a las ciudades, señalando que la
única oferta que queda es población que vive “en clave de
supervivencia” y no le interesa trabajar sostenidamente en las
empresas y mejorar ahí dentro.
Esta
escasez de oferta de trabajadores no es relacionada por los
empresarios a una desmotivación que genera el sector agropecuario en
relación a otros sectores o trabajos en la ciudad. Los empresarios
más involucrados a los consejos de salarios son consientes de que
por más que ha mejorado la brecha salarial entre el agro y otros
sectores, el campo sigue siendo peor remunerado pero hay empresarios
que ni lo mencionan, es decir, que pueden visualizar el problema
(escasez de trabajadores) pero no lo relacionan con una falta de
incentivo que pueda venir desde la oferta del trabajo.
Junto
con los cambios productivos y organizacionales que introdujo la
globalización, también se dieron una serie de fenómenos sociales a
los que se les llama nueva ruralidad. Como fue explicado, en la nueva
ruralidad se acortan las distancias entre el campo y la ciudad, los
habitantes rurales elevan sus expectativas de vida y comodidades. Hay
empresarios que están satisfechos con los cambios productivos y la
innovación tecnológica pero no están dispuestos a aceptar esta
cara del cambio que tiene que ver con los cambios sociales que trae
el nuevo perfil de asalariado rural. Los empresarios se expresan muy
preocupados por la situación de escasez de mano de obra pero no
parecen ahondar en qué es lo que no resulta atractivo del trabajo
agropecuario.
Con
respecto a la formación técnica pública los empresarios perciben
que las Escuelas Agrarias no se han adaptado a los cambios en la
producción, que los cursos están desactualizados y la maquinaria
disponible, obsoleta. Existe una visión negativa desde los
empresarios sobre los planes y programas de los cursos de las
Escuelas Agrarias, se reclama que deben ser reelaborados considerando
la dinámica del mundo productivo actual. Pero también existe un
desconocimiento y una desconfianza a las escuelas, quizás con poco
fundamento.
Si
bien los empresarios detectan la mayoría de las dificultades que la
Escuelas Agrarias tiene para ofrecer cursos de calidad, no parecen
considerarse parte de la solución. Esto implica una interpretación
de los empresarios de la responsabilidad única de las escuelas con
respecto a la formación de los trabajadores. Consideran que debería
haber un mayor contacto de las escuelas con la producción, un
vínculo más dinámico entre los dos mundos, pero muchos ponen la
acción activa en la Institución Educativa. Esto resulta negativo
para la articulación entre las empresas y las escuelas. La
percepción de muchos empresarios es que las Escuelas Agrarias tienen
un gran potencial con respecto al problema de la capacitación para
el nuevo perfil de trabajadores requerido, sin embargo en la realidad
no parecen estar haciendo demasiados esfuerzos para que el vínculo
sea más fuerte.
Gallart
señala que para mejorar el vínculo entre la educación y el trabajo
los empresarios no pueden interpretar flexibilidad laboral, como
precarización del trabajo ya que atenta contra la formación de los
trabajadores, que en definitiva las empresas necesitan. Lo mismo
parece suceder con la remuneración de la capacitación, las escuelas
agrarias señalan que las empresas no parecen estar valorizando
económicamente al trabajador calificado. Si bien la producción ha
incrementado mucho, así como el área cultivada, los números de las
matrículas se han mantenido igual o han decrecido, este suceso
muestra un desajuste entre el mundo productivo y el mundo educativo
que puede ser explicado en parte porque no está pagándose la
capacitación. Los empresarios, como se explicó, consideran que se
ha avanzado en los beneficios a los trabajadores, pero muchos también
son concientes que los salarios son menores que los de la
construcción, u otras actividades. La no remuneración de la
capacitación probablemente desestimula a los jóvenes a hacer el
curso.
Sin
embargo, la percepción de la escuela sobre la inserción de los
egresados, así como coincide en que no se valorizan inicialmente más
que otros trabajadores, si percibe que la formación en la Escuela
Agraria cuenta significativamente a su favor en el tipo de
trayectoria que puedan hacer en la empresa. Si bien no se valoriza
monetariamente, por lo menos inicialmente, un estudiante capacitado
tiene mayores posibilidades de crecer en las empresas. Ya que la
capacitación que recibe en la escuela en cuanto al cuidado de las
máquinas, la toma decisiones, el aprender a razonar, evaluar y
elegir en incertidumbre es la capacitación que buscan las empresas,
ahí se refleja nuevamente una buena articulación entre los dos
mundos.
Esto
quiere decir que la certificación exigida por empresas de punta,
obliga a los estudiantes a finalizar los estudios para poder trabajar
ahí. Incluso señalaron en una escuela que hay muchos casos de
jóvenes que vuelven para terminar el curso por la certificación.
Por tanto, las empresas de punta, que buscan certificaciones
internacionales, que se rigen bajo la nueva matriz productiva y
organizacional exigen una formación completa, por tanto de parte de
las empresas, por lo menos de las mas avanzadas, también se valora
la formación.
El
potencial de estas instituciones para la articulación del mundo
educativo y productivo radica, en primer lugar, en que hay Escuelas
Agrarias distribuidas por todo el país. La gran mayoría cuentan con
buenas instalaciones, con respecto a aulas para clases teóricas,
salas de estudio e informática, instalaciones suficientes para la
formación teórica y práctica. Cuentan además con internados que
están bien equipados y con todas las comodidades; lo que se
convierte en una gran fortaleza de las escuelas ya que la herramienta
del internado aboga por la equidad y emancipación porque permite a
estudiantes estirar su moratoria, que de otra forma muchos tendrían
que empezar a trabajar, además aprenden a convivir y pasan por un
proceso de maduración que también los forma para su futura
inserción en el mercado de trabajo.
Las
escuelas presentan, por su ubicación en las zonas productivas, un
gran potencial de articulación territorial con las empresas y otras
instituciones que también están en la zona. Este potencial
territorial es un gran potencial para la articulación ya que los
estudiantes pueden involucrarse en la producción y las empresas
tener oferta de egresados en un ir y venir que finalmente involucre a
las escuelas en la dinamización que están experimentando los
sectores, y que no queden herramientas de formación de trabajadores
truncas, por fuera de los cambios tecnológicos, mientras el sector
productivo sufre una gran falta de trabajadores calificados.
Ambos
mundos son conscientes de que el vínculo entre ellos debe ser mayor,
pero sus realidades tienden a ser independientes. La articulación
como señala Leites es una construcción colectiva, de conflicto y
negociación, sea esta construcción explícita o no. Se necesita una
articulación institucional pensada, direccionada. los cambios que
son necesarios para mejorar la articulación demuestran ser complejos
y necesitan el compromiso de ambas instituciones, un compromiso que
debe implicar diálogo, negociación, acciones mutuas y un mutuo
respeto de las diferencias para lograr importantes avances en lo que
respecta a la productividad como a la equidad, ambas necesarias para
el desarrollo de las democracias actuales.
- Conclusiones
Se
han dado importantes cambios en la producción agropecuaria en las
últimas décadas tanto con respecto a la innovación tecnológica
como a la organización de la misma. Esto tiene su reflejo en un
incremento de trabajadores, y un cambio en el tipo de trabajador
requerido. Los empresarios necesitan hoy otro perfil de trabajadores
que tiene que ver con la problemática de la capacitación. La nueva
realidad productiva exige una capacitación que por un lado les
permita el correcto manejo de la nueva maquinaria y demás procesos
hoy transversalizados por la tecnología, pero además una
capacitación que permite a los trabajadores entender globalmente la
producción, les otorgue autonomía y compromiso, conozcan las normas
de seguridad y certificaciones. La realidad de la oferta de
trabajadores hoy en el agro está muy por debajo de esas expectativas
de los empresarios tanto en cantidad como en calidad.
Las
escuelas, por otro lado, ofrecen el curso de EMP educación media
profesional que pretende formar trabajadores calificados cuyo perfil
se articula con lo que los empresarios dicen requerir, en ese
sentido, existe cierta articulación. Sin embargo se presentan
“desarticulaciones” que no permiten que el conjunto de
conocimientos y habilidades que el curso provee estén acordes a la
realidad productiva actual, para lo que se necesita una articulación
con el mundo productivo.
Las
empresas no consideran que los cursos de las Escuelas Agrarias estén
actualizados, ni que estén logrando encausar la necesidad de
trabajadores que el agro está demandando. Sin embargo los esfuerzos
de los empresarios para mejorar la situación de las escuelas hoy son
muy tenues, en los casos en que existe. A su vez la autocrítica de
las escuelas tiene que ver con la necesidad de un ahondamiento en el
vínculo con las empresas, una actualización de los programas y una
reestructuración de la oferta educativa.
En
definitiva, tanto las empresas como las Escuelas consideran la
necesidad de una articulación mayor ya que ambas son conscientes del
grado de dinamismo que han experimentado los tres rubros
seleccionados y de los radicales cambios que han generado que hacen
que ambas necesiten de esta articulación. De cualquier manera, debe
considerarse que este vínculo por más que es necesario es difícil.
Su complejidad radica en que estas instituciones están signadas por
lógicas distintas, la escuela sigue una lógica de equidad,
emancipatoria, mientras que la empresa tiene una lógica productiva,
de maximización de la renta. Aunque las estrategias de las escuelas
que más condensan esta contradicción de racionalidades, como las
pasantías, las visitas, los profesores que trabajan en el sector
productivo, son, por otro lado, las que más aportan a la
capacitación de los estudiantes y a la articulación entre los dos
mundos.
El
cambio de paradigma productivo exige hoy a las instituciones
educativas una nueva gestión que permita acompasar estos cambios.
Deben combatirse las inercias institucionales y las tendencias a
tiempos lentos e ineficientes. Claro que una sólida articulación
con las empresas no significa someterse a las necesidades de estas,
por la diferencia de lógicas expresada anteriormente. Las Escuelas
Agrarias, tiene el doble rol de formar trabajadores pero también
formar ciudadanos. Las empresas, por su parte deben superar la
percepción de una responsabilidad de formación de trabajadores
únicamente del sector público, comenzando a colaborar con el mundo
educativo y valorando económicamente a los trabajadores calificados.
Los
cambios en la producción, por otro lado, implican un momento en que
ambos objetivos, el emancipatorio y el productivo, pueden congeniar
en el concepto de la capacitación, hoy la producción de punta exige
que el trabajador tenga conocimiento y desarrolle autonomía,
capacidad crítica para enfrentar incertidumbre, lo mismo que la
sociedad exige de los ciudadanos, por tanto la capacitación es
necesidad de la empresa y derecho del trabajador. Esto sumado a una
nueva ruralidad impulsada por la globalización y todos los cambios
sociales que se están dando en el orbe entero, que en el mundo
rural, han traído de cierta forma un empoderamiento y una
democratización a la población, quienes han subido sus expectativas
de vida. Cambios que los empresarios también deben asumir y obrar en
consecuencia.
Existe
una base institucional y territorial sustantiva para una adecuada
articulación entre las empresas y las escuelas agrarias, además de
una necesidad que comparten ambas de que esta articulación se dé.
Del lado de las escuelas parece necesaria una reformulación de la
experiencia educativa que se ofrece y concederle un lugar a las
empresas. Por el lado de las empresas es importante que eliminen la
perspectiva de un rol activo sólo en las escuelas agrarias en lo
correspondiente a la formación de trabajadores, y lo visualicen como
una responsabilidad de todas las instituciones involucradas. En este
sentido, debe construirse una articulación institucional pensada,
direccionada, con el compromiso de ambas instituciones, para lograr
importantes avances en la productividad y en la equidad, ambas
necesarias para el desarrollo de las democracias actuales.
6.
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PEDAGOGÍA RURAL
EL
MODELO -CRA- COLEGIO RURAL AGRUPADO EN ESPAÑA: ORÍGEN Y EVOLUCIÓN.
Dra.
Virginia Domingo Cebrián
Profesora
del Departamento de Ciencias de la Educación
Universidad
de Zaragoza. Campus de Teruel (España)
Palabras
clave
Modelo
organizativo - pedagógico, educación rural, igualdad de
oportunidades, calidad educativa
Resumen
La
educación rural en España hace unos años era de segunda
categoría. Las
oportunidades educativas privilegiaban al medio urbano, todo lo que
en política se decidía estaba pensado para centros completos
situados en localidades grandes. Mientras las escuelas pequeñas
rurales iban cerrando sus puertas y por lo tanto desapareciendo los
pueblos. Por ello, muchos de los territorios rurales españoles
parecían auténticos desiertos. Esto provoco una gran indignación a
los habitantes del medio rural y en algunos lugares comenzaron a
luchar por la igualdad de oportunidades, entre ellos, el derecho a
una educación de calidad. En la Comunidad Autónoma de Castilla y
León fueron los primeros que se aventuraron a constituir un nuevo
modelo pedagógico – organizativo llamado CRA. A partir de ese
momento, la política educativa comenzó a cambiar y en 1986 los CRA
ya estaban regulados legalmente. En esta comunicación conoceremos
sus orígenes y su posterior difusión. Así como, las opiniones de
las personas que día a día se encuentran en el medio rural y
apoyan/ sirven/ trabajan en los CRA.
I.
La educación rural en España: desde la Ley de Enseñanza de 1945
hasta el nacimiento de los CRA.
Después de la Guerra Civil, hubo un
cambio dramático en la educación española. La política educativa
del Franquismo asume la subsidiariedad de la enseñanza nacional o
pública y deja en manos de la Iglesia el papel determinante en la
educación.
Los principios básicos para conseguir
forjar la nueva juventud se insertaban en cuatro bloques educativos:
la religión, la patria, el civismo y la gimnasia.
Las características y los contenidos
de las enseñanzas de estos bloques educativos aseguraban el
adoctrinamiento, la sumisión y la obediencia al nuevo orden político
y social impuesto por el régimen.
Todo lo anterior quedaba recogido en
la Ley de Enseñanza Primaria de 17 de julio de 1945, presentada por
el entonces ministro de Educación, José Ibáñez Martín, donde se
expresa que la educación en España “debe ser primordialmente
católica, española y debe estar al servicio de los intereses de la
Patria”.
Esta ley, de 1945, planteaba una
escolaridad obligatoria desde los 6 años con una diferenciación
clara: hasta los 10 años para los que ingresen en el Bachillerato y
hasta los 12 años para los que deban incorporarse al mundo laboral.
Ello implicaba el cierre de muchas escuelas, fundamentalmente en el
medio rural, a cuya población se le cerraron las puertas del acceso
a la segunda enseñanza que estaba en manos de la Iglesia y en zonas
urbanas.
En el artículo 21 de dicha ley se
define la escuela unitaria como aquella enclavada en núcleos de
población que, en un radio máximo de un kilómetro, superase los
250 habitantes mínimos para la creación de una escuela y que podía
estar regentada por una persona que tuviese estudios de carácter
eclesiástico o civil, si la localidad era menor de 501 habitantes,
o, en localidades menores por personas que manifestasen su deseo de
encargarse de la docencia. En el caso de que la población estuviese
más diseminada, las autoridades deberían facilitar medio de
transporte a los niños o estos acudir a las Escuelas Hogar.
Durante la década de los 50 del
pasado siglo, la escuela rural unitaria, con la vivienda adosada a la
escuela y un mísero salario fue la estampa clásica de la educación
en España; contrapuesta a la escuela graduada y considerada de peor
categoría, siendo el único reducto cultural de muchos núcleos
dispersos.
Desde la promulgación de la Ley de
1945 hasta la de su texto refundido de 1967, transcurren veintidós
años, tiempo suficiente para que aquella ley se modificase en los
aspectos o apartados que fuesen precisos. Pero lo cierto es que las
modificaciones son mínimas y, sin duda, sus principios y fundamentos
doctrinales siguen inalterables.
En cuanto al número de escuelas hay
una ampliación, ya que dice que “El Estado creará Escuelas de
Enseñanza Primaria y de preescolar”, pudiendo considerarse esto
último como una novedad.
También recoge la organización de
Agrupaciones Escolares,
"como colegio o
escuela graduada cuyas aulas están localizadas dentro del radio de
un kilómetro y Escuelas Comarcales, como la escuela o grupo de
escuelas cuyos alumnos proceden de distintas localidades";
este planteamiento antes no
existía.
A finales de los años 60 se empieza a
resquebrajar este panorama monolítico y, tímidamente, van
apareciendo grupos clandestinos que se oponen al régimen franquista
y que por los pequeños resquicios que se presentan van mostrando
nuevas formas de actuar.
Las transformaciones que se estaban
produciendo en la sociedad española reclamaban un sistema educativo
acorde. Surge así la Ley General de Educación de 1970, que
determinó toda la política educativa de esa década y los primeros
años de la siguiente.
Sin embargo, la escuela
rural fue la gran olvidada por
la Ley General de Educación. La especialización del profesorado, la
necesidad de nuevos espacios y de más recursos no podía afrontarse
desde la realidad de las pequeñas escuelas rurales y Aragón era, y
sigue siendo, un gran territorio rural. Por todo esto, se inició una
política concentradora apareciendo así dos tipos de centros:
- Las concentraciones escolares. Se crearon escuelas en las cabeceras de comarca para agrupar a los niños y niñas de los pequeños núcleos rurales de alrededor. Los alumnos a través del Servicio de Transporte Escolar eran recogidos por la mañana en sus localidades, pasaban el día en la escuela, donde hacían la comida del mediodía y por la tarde eran de nuevo transportados a sus casas.
- Las escuelas-hogar. Eran internados en los que los niños y niñas residían durante la semana para asistir a esas escuelas de concentración cuando por razones de distancia física no podían realizar el viaje diario de ida y vuelta de sus casas a la escuela, al no disponer de escuelas en su lugar de residencia.
La política concentradora recogida en
la Ley General de Educación provocó el cierre de muchas escuelas y
la incorporación del profesorado a las concentraciones tratando de
encontrar mejores condiciones laborales
En 1983, apareció el Real Decreto de
Educación Compensatoria que proponía medios y recursos
extraordinarios adicionales para tratar desigualmente a los que eran
socialmente desiguales con aspiración a la igualdad de resultados en
la educación obligatoria. Un programa de actuación educativa
preferente destinada a compensar positivamente las desigualdades e
insuficiencias que el sistema escolar ordinario tenía en grandes
bolsas, tanto de carácter social como geográfico, deprimidas
sociológicamente y sin dotar en términos de servicios sociales y
culturales. Tal y como muestra su artículo 1 “en beneficio de
aquellas zonas geográficas o grupos de población que por sus
especiales características requieren una atención educativa
preferente”.
Así mismo, en 1985, surgió la Ley
Orgánica Reguladora del Derecho a la Educación que dejó plasmado
el derecho de todos los españoles a recibir una educación gratuita
y sin discriminaciones.
II.
Orígenes de los Colegios Rurales Agrupados en España
Como precedente al nacimiento de los
Centros Rurales Agrupados (CRA), destaca el proyecto de Educación
Compensatoria desarrollado en el valle de Amblés, Ávila. En él,
nueve escuelas unitarias ya no asistieron al Colegio de Concentración
de Ávila porque decidieron funcionar como un centro completo con
claustro común, consejo escolar, equipo directivo, proyecto
curricular, materiales y recursos didácticos. Con este nuevo modelo
organizativos las pequeñas escuelas unitarias no se suprimían, los
alumnos de preescolar y de ciclos inicial y medio de EGB permanecían
en sus localidades de origen, diversos profesores de la plantilla del
CRA impartían clases de forma itinerante en varias localidades y era
posible la utilización conjunta de las instalaciones,
independientemente del pueblo de ubicación.
Durante los cursos 1983/1984 y
1984/1985 la experiencia funcionó sin reconocimiento legal. Existía
únicamente una aprobación oral por parte de la Administración
Educativa.
El planteamiento inicial de la
experiencia, presentaba tres líneas de acción:
- La estructura organizativa de la Escuela Rural, que pretendía superar el esquema escuela unitaria-pueblo y considerar la agrupación de varias unitarias situadas en diferentes pueblos de una comarca, como un solo Colegio Público Completo.
- Responder a las demandas de la cultura rural, con una pedagogía adecuada al medio.
- Intentar establecer cauces permanentes de participación y formación de padres con una doble finalidad: que el proyecto fuera dando respuesta a las inquietudes educativas de los mismos, y que la escuela estuviera presente en los problemas socioeconómicos del medio y colaborase para que la educación y el desarrollo de la comarca se produjeran paralelamente.
Fue el 12 de abril de 1985, mediante
una Resolución de la Subsecretaria del Ministerio de Educación y
Ciencia, cuando se aprobó el Colegio Rural Agrupado “Valle de
Amblés” con carácter experimental, subrayando el objetivo
primordial del proyecto:
“Encontrar nuevos enfoques
didáctico-pedagógicos y aplicar formas originales y flexibles de
agrupamiento y organización, adaptados a las específicas
circunstancias del ámbito rural”
Más adelante el documento destacaba
la importancia de experiencias como ésta:
“Mediante ellas se va a dar origen a
una modalidad de Colegio Público Rural, suficientemente potenciado,
que constituya una alternativa válida a las concentraciones
escolares”
Nacían así los Centros Rurales
Agrupados (CRA),
bajo el Real Decreto
2731/1986, de 24 de diciembre, sobre constitución de Colegios
Rurales Agrupados de Educación General Básica,
que se han consolidado plenamente en todo mundo rural español tras
su extensión y creación con la finalidad, según su artículo 1.1,
de “mejorar las condiciones y calidad de la enseñanza en las zonas
rurales”. Se trataba, según la nueva legislación, de:
“…hacer posible el mantenimiento
de pequeñas escuelas sin detrimento de su fortaleza organizativa,
mejorar la calidad educativa desde un mayor poder organizativo,
acabar con el aislamiento del maestro de las pequeñas escuelas,
dotar al ámbito rural de los recursos adecuados y compartidos,
posibilitar la adecuación del currículo a la realidad de los
pueblos, desarrollar proyectos pedagógicos u organizativos adaptados
al contexto y compartir los maestros especialistas”.
El nuevo planteamiento intentaba
superar el discurso tradicional entre la política de
concentraciones escolares de los años setenta y la permanencia a
toda costa de las escuelas unitarias, con las consecuencias de
dispersión, aislamiento y falta de igualdad de oportunidades. En el
mismo Decreto se hacía una dura crítica a la política de
concentraciones escolares en Centros Comarcales impulsada por la Ley
General de Educación de 1970.
Por lo tanto, podemos definir Colegio
Rural Agrupado -CRA-, como un modelo organizativo y pedagógico,
promovido por la Administración Educativa y las Comunidades Rurales,
que permite el mantenimiento de las pequeñas escuelas unitarias y de
los centros incompletos en sus localidades de origen. En definitiva,
el CRA está constituido por la suma de todas las unidades y aulas
dispersas que lo componen.
Será el mismo profesorado el que
precise con gran realismo centros
como aulas con pasillos muy largos que son las carreteras que
comunican las distintas localidades.
III.
Evolución de los Colegios Rurales Agrupados en España
Los Informes del Consejo Escolar del
Estado en los últimos veinte años han dedicado siempre un apartado
a La Escuela Rural. Desde aquí se ha ido mostrado la evolución de
centros, localidades, alumnos y profesores. Así mismo, también se
iban exponiendo las evoluciones legislativas y normativas que
afectaban al medio rural. Y por último, siempre han recogido sus
valoraciones, opiniones y recomendaciones que instaban a la
Administración Educativa a actuar en consecuencia.
A lo largo de los cursos escolares los
Informes muestran los esfuerzos que desde las Administraciones
Educativas – estatal y autonómicas - se han hecho para desarrollar
acciones de apoyo a la escuela rural. Estas podrían fundamentarse en
cuatro ejes, que son:
- El funcionamiento de los Centros de Recursos y Servicios de Apoyo.
- Los Centros Rurales de Innovación Educativa.
- Los Colegios Rurales Agrupados.
- Las acciones dirigidas al alumnado preescolar desescolarizado.
Pero a su vez también estiman que,
pese a los recursos dedicados a la escuela rural, es necesario
realizar esfuerzos mayores, pues siguen existiendo importantes
dificultades que afectan a muchos centros rurales. También destacan
la figura de los maestros especialistas itinerantes, que surgen del
modelo CRA, ya que han permitido dotar de forma generalizada de
especialistas a la zona rural. Así mismo, advierten que las
condiciones laborales de dicho colectivo deben de mejorarse, a nivel
económico y en compensación horaria. Finalmente se insta a las
administraciones educativas a establecer un plan para la Escuela
Rural, contemplando medidas de discriminación positiva, el cual se
lleva pidiendo desde el curso 1994-1995.
En el curso 2000-2001, se pide a las
Administraciones Educativas que hagan un gran esfuerzo en las zonas
rurales enriqueciendo su medio cultural y que en los núcleos rurales
se garantice el aprendizaje del uso de medios informáticos y se
provea por los medios públicos de acceso a la red.
Una escuela rural de calidad supone:
- Incremento de número de aulas
- Mejores dotaciones materiales para esas aulas, garantizando a sus alumnos las mismas posibilidades educativas que a los de las ciudades.
- Mejora de las condiciones de trabajo del profesorado itinerante, con incremento de plantillas.
En el curso 2001-2002, se insta a las
Administraciones Educativas a que doten con más plantilla de
personal a la escuela rural y a que se conserven las tutorías de las
aulas con los maestros generalistas y también se exige que se
potencien los Centros Rurales de Innovación Educativa.
En el curso 2004-2005, se solicita a
las Administraciones Educativas que atiendan de manera adecuada a los
maestros que trabajan en los CRA y en el medio rural de manera
especial en lo que se refiere a:
- Atender su formación permanente.
- Reducir sus horarios lectivos en función de sus horas de itinerancia.
- Cubrir de manera suficiente los gastos y los riesgos del transporte, de estos maestros, o dotarlos de vehículos de la Administración.
En el curso 2005-2006, se requiere a
las Administraciones Educativas a ofrecer a todos los alumnos en las
zonas rurales la aplicación a la enseñanza de las nuevas
tecnologías como una medida, entre otras, para compensar la
situación peculiar de aislamiento cultural del alumnado y la falta
de medios y recursos en dichas zonas rurales.
En el curso 2007-2008, se insta a las
Administraciones Educativas a que sigan promoviendo el uso de las
nuevas tecnologías y a que incrementen el número de maestros de
apoyo en los centros rurales.
En el último informe del curso 2010-
2011 establece como necesario:
- La dignificación de las condiciones laborales del profesorado de la zona rural, estableciendo medidas compensatorias positivas que propicien su estabilidad, regulando y mejorando las condiciones de los profesores itinerantes y de otros colectivos obligados a itinerar por razones de servicio.
- El establecimiento de plantillas suficientes que garanticen la atención a la diversidad, y las labores de refuerzo y coordinación, incrementando el número de profesores de apoyo en los centros rurales.
- Un gran esfuerzo económico para la dotación de recursos suficientes y el diseño de nuevas estrategias y metodologías didácticas para la mejora del proceso de aprendizaje en las zonas rurales.
Como ya hemos nombrado anteriormente a
lo largo de estos informes se puede ir viendo la evolución de
centros escolares en España. Con referencia al modelo CRA vemos los
primeros datos en el curso escolar 1994-1995, en los cursos escolares
anteriores los datos son generales de los Centros que hay en el medio
rural en el territorio español.
A continuación, se muestran los
centros existentes según su número de unidades entre los cursos
1992-1993 y 1994-1995. Se puede observar un detrimento de los mismos
como consecuencia directa de la creación de los CRA.
Tabla
1. Evolución de los centros escolares según sus unidades entre
1992-1995
CENTROS
SEGÚN UNIDADES
|
1992-1993
|
1993-
1994
|
1994-1995
|
1 unidad
|
1433
|
1097
|
556
|
2 unidades
|
710
|
381
|
221
|
3 unidades
|
367
|
230
|
166
|
4 unidades
|
253
|
161
|
133
|
5 unidades
|
215
|
145
|
112
|
Total
|
2978
|
2014
|
1188
|
De los datos anteriores podemos
observar la pérdida de un 60% de los centros, siendo las escuelas
unitarias y las de dos unidades las más reducidas, en un 61% y en un
68%. Las de tres, cuatro y cinco unidades se reducen en un 54%, en un
47% y en un 48% respectivamente. Se puede por tanto confirmar así
que el medio rural está en un proceso de cambio.
Revisando los datos que aportan los
Informes del Consejo Escolar del Estado podemos ver el progreso que
se ha dado en España en la creación y posterior expansión del
modelo CRA.
Tabla
2. Evolución del número de CRA en España entre el curso 1994-1995
y 2010-2011
CURSOS
ESCOLARES – NÚMERO DE CRA
|
||||||||||||||||
94-95
|
95-96
|
96-97
|
97-98
|
98-99
|
99-00
|
00-01
|
01-02
|
02-03
|
03-04
|
04-05
|
05-06
|
06-07
|
07-08
|
08-09
|
09-10
|
10-11
|
346
|
404
|
451
|
454
|
456
|
675
|
632
|
699
|
715
|
715
|
721
|
725
|
752
|
756
|
756
|
747
|
750
|
Como podemos observar en la tabla el
número de CRA ha aumentado en un 54% desde el curso 1994-1995 hasta
el curso 2010-2011.
A partir del curso 1999-2000, los
Informes del Consejo Escolar del Estado, nos muestran los datos por
Comunidades Autónomas.
Tabla 3. Evolución del
número de CRA por CC. AA. entre1999-2011
CC.
AA.
|
99-00
|
00-01
|
01-02
|
02-03
|
03-04
|
04-05
|
05-
06
|
06-
07
|
07-
08
|
08-09
|
09-10
|
10-11
|
Andalucía
|
121
|
81
|
124
|
125
|
125
|
125*
|
125*
|
125*
|
125*
|
125*
|
125*
|
125*
|
Aragón
|
77
|
78
|
78
|
78
|
78
|
78
|
77
|
76
|
76
|
76
|
75
|
76
|
Asturias
|
34
|
34
|
34
|
34
|
34
|
34
|
29
|
29
|
29
|
29
|
31
|
29
|
Cantabria
|
9
|
9
|
9
|
9
|
9
|
9*
|
9*
|
7
|
7
|
7
|
5
|
5
|
Castilla y
León
|
206
|
203
|
201
|
202
|
202
|
200
|
200
|
197
|
198
|
198
|
196
|
197
|
Castilla La
Mancha
|
56
|
56
|
63
|
63
|
63
|
71
|
76
|
75
|
75
|
75
|
72
|
75
|
Cataluña
|
99
|
99*
|
99*
|
103
|
103
|
103*
|
103
|
103
|
103
|
103
|
103
|
103
|
C.
Valenciana
|
-
|
-
|
-
|
10
|
10
|
10*
|
10*
|
44
|
45
|
45
|
45*
|
45*
|
Extremadura
|
40
|
40
|
39
|
40
|
40
|
40
|
40
|
39
|
40
|
40
|
37
|
37
|
Galicia
|
-
|
-
|
19
|
19
|
19
|
20
|
25
|
27
|
27
|
27
|
28
|
27
|
Madrid
|
9
|
9
|
9
|
9
|
9
|
8
|
8
|
8
|
8
|
8
|
8
|
8
|
Murcia
|
12
|
11
|
11
|
11
|
11
|
10
|
10
|
9
|
10
|
10
|
10
|
10*
|
Navarra
|
1
|
1
|
1
|
1
|
1
|
1
|
1
|
1
|
1
|
1
|
1
|
1
|
Rioja
|
11
|
11
|
11
|
11
|
11
|
12
|
12
|
12
|
12
|
12
|
11
|
12
|
TOTAL
|
675
|
632
|
699
|
715
|
715
|
721
|
725
|
752
|
756
|
756
|
747
|
750
|
*Datos de los cursos
anteriores.
Podemos observar que la Comunidad
Autónoma de Navarra ha tenido un solo CRA a lo largo de los todos
estos años y también podemos ver cómo algunas de las CC. AA. han
mantenido su número de CRA, con pocas variaciones, como pueden ser
Aragón, Madrid, Murcia, La Rioja, etc. Y, por último, podemos ver
otras CC. AA. que han aumentado considerablemente su número de CRA;
ejemplo de esto es Castilla La Mancha, Comunidad Valenciana, etc.
Se trata pues, de un modelo que la
Administración Educativa entiende como adecuado para el medio rural,
ya que cuenta con una trayectoria de más de veinte años.
Para finalizar, según Domingo (2013),
en un estudio realizado en la provincia de Teruel sobre el modelo
CRA. Concluye que el modelo CRA funciona satisfactoriamente en el
medio rural y que los alumnos, maestros, directores, familias,
alcaldes y Directores Provinciales de Educación se sienten
orgullosos del mismo. Garantizando una educación de calidad y una
apuesta de futuro para este medio
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Madrid: Narcea.
CONSEJO ESCOLAR DEL ESTADO:
Informes sobre el
Estado y Situación del Sistema educativo.
Informes correspondientes a los cursos 94/95, 95/96, 96/97, 97/98,
98/99, 99/00, 00/01, 01/02, 02/03, 03/04, 04/05, 05/06, 06/07, 07/08,
08/09, 09/10, 10/11, 11/12.
http://www.educacion.es/cesces/texto-informes.htm
CORCHÓN, E. (1997): Estudio
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HERNÁNDEZ, J.M. (2000): La
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MINISTERIO DE EDUCACIÓN
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MINISTERIO DE EDUCACIÓN Y
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MINISTERIO DE EDUCACIÓN Y
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MINISTERIO DE EDUCACIÓN Y
CIENCIA (1985): Ley
Orgánica 8/1985 de 3 de julio, Reguladora del Derecho a la
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MINISTERIO DE EDUCACIÓN Y
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Decreto 2731/1986, de 24 de diciembre, sobre Constitución de
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